jueves, 15 de diciembre de 2011

CARTA DE UN JUBILADO A LOS JOVENES


Esta carta fue seleccionada y publicada como Mención Especial del Concurso “Carta de un Jubilado a los jóvenes” en la Revista “Mayores” No. 9, año 3, fecha enero-febrero 1994, páginas 12 y 13.-

CARTA A LOS JÓVENES

Querido Joven:

        Es domingo, un domingo luminoso, atiborrado de sol y de canto de pájaros. Las radios del barrio  se han desorbitado en cumbias (¿por qué los jóvenes escuchan música tan alta?). El periódico, hoy, pasadas las elecciones que lo absorbían, se muestra tranquilo, con titulares de carreras de coches y partidos de fútbol. Al hojearlo llama mi atención un concurso de cartas. "!Qué buena idea!" -pienso-.Una apertura a la creatividad, con el incentivo del concurso. Continúo leyendo, paso a paso las noticias del interior. Pero vuelvo atrás; parece que, inconscientemente, no me he desprendido del aviso del concurso. Leo el tema. Cierro los  ojos y reflexiono: ¿qué se le puede decir a los jóvenes? ¿Acaso escuchan? Escuchábamos nosotros a su edad? "Cosas de viejos" -decíamos- . Además soy, como persona mayor, un tanto desnaturalizada.
        Cuando mis hijos no querían ir de vacaciones por estudiar, les decía: "Vamos, de estudiar siempre van a tener tiempo, ¿qué son 15 días mas o menos para recibirse?. Volverán descansados, y el estudio les rendirá el doble. Claro que, con ese espíritu contradictorio de los jóvenes, me costaba mucho convencerlos. Pero después regresaban animosos y reconfortados con unas semanas de pausa.

        De modo que mis consejos a los jóvenes no serían muy convencionales. Al contrario. Ya que nuestra generación se caracterizó por la pesada carga de responsabilidades que soportó en la adolescencia, y aún más en la juventud; por haber sido demasiado serios, trascendentes, les diría que no apuren los ciclos, que sepan vivir la juventud. No es necesaria la  seriedad para apuntalar una sólida escala de valores. La gente cuanto más buena, más alegre; cuanto menos rígida, más feliz.

        Así, querido joven, que me instalé en la máquina del tiempo, y de mi viaje al pasado recuperé cuanto me decían mis padres, mis maestros, mis mayores, y que yo jamás repetiría a mis hijos.

"Hay que ahorrar, ahorrar los centavos para tener los pesos"
        Mi versión sería: Ahorra lo necesario para una emergencia. Gasta alegremente el resto. Que sepas disfrutar del dinero, sin miedo y sin culpa.

"Desconfía de los desconocidos"

        ¡Oh, no! Nada de eso. Confía en la gente y esa confianza hará que todos te respondan sin decepciones (los chinos, que tienen dichos para todo, han acuñado éste: si no quieres que un hombre robe, no lo trates de ladrón).

"Cuídate de los amigos y vecinos"

        Cuídalos, más bien. Son la extensión de tu familia. Ámalos como a ella.

"Pueblo chico, infierno grande. Nadie es profeta en su tierra."

        Tu pueblo, tu ciudad son la prolongación de tu casa. Aprende a amar tu ámbito y serás algo mejor que un profeta: un ser querido y acompañado.

"A los amigos se los conoce en la desgracia."

        Mentira. A los amigos se los conoce en la alegría. Cuando sufres una desgracia, cualquiera, hasta quien no te conoce, se compadecerá de ti. Pero cuando tienes éxito, obtienes un premio, ganas una beca, aquel que se alegra contigo en lugar de envidiarte, ése es tu amigo.

"Nunca hay que dar oportunidades a la gente que hable o murmure."

        Quédate tranquilo, la gente murmura igual. No tiene que ver contigo, sino con ellos. Están solos, aburridos, sin tema de conversación. Si sales, dirán que eres un calavera; si no lo haces, que eres un amargado. Alégrate de proporcionarles un motivo de charla y tú, que tienes otros más amplios, más interesantes, ten piedad de ellos. Recuerda que la gente chismosa es la que más se queja de los chismes.

"Tienes que sacar las notas más altas de tu curso."

        No te preocupes por las notas en sí, ellas no miden tu valor como persona, son solamente un índice de lo que has estudiado o asimilado. No te afanes tanto por ser el primero, por creer (como nos hacían creer a nosotros) que eso era ser el mejor. No se puede ir por la vida avanzando como una tromba, en eterna competencia, apartando al costado a los demás considerándolos adversarios. Lo más importante no es llegar primero, sino llegar bien, saber andar

º¿Sabes? En este viaje intemporal, rescaté a un hombre mayor. Lo recuerdo en un amplio escenario, él, pequeño, humilde, hablándonos a los jóvenes. Después de tantos años, aún me parece escucharlo. Era Juan Ramón Jiménez, el de la dulzura de Platero.

        Venía de los Estados Unidos, "donde la gente desde un piso 30 se ve como hormigas". Nos miró, giró su cabeza por la platea, el pullman, el teatro lleno, y al tomar conciencia de la edad de la mayor parte del auditorio emocionó. "En vosotros -nos dijo-, juventud de Latinoamérica, depositamos los valores de nuestro espíritu, de nuestras letras, de respeto por el hombre".

        Dios y el alma de Juan Ramón Jiménez me perdonarán si la versión no es exacta. Pero recuerdo con claridad, ¡cómo olvidarlo! Que la emoción le quebró la voz y nos hizo llorar a todos. Porque nos hizo sentir, realmente, depositarios y herederos de sus valores, de su visión de la vida. Eso quisiera poder transmitir yo a los jóvenes (pero, claro, no soy Juan Ramón Jiménez).

        Porque suelo decir que los jóvenes son noticia cuando se drogan o roban o matan. Pero no son noticia los jóvenes, los millares y millares de jóvenes que estudian, trabajan, se afanan, por ellos y por una sociedad mejor. Esos no salen en el periódico. Pero Existen. A Dios gracias, existen. Son el hijo de mi amiga, la sobrina del vecino, tú y tantos, tantos otros que caminan por la vida esforzándose, esforzándose siempre.

        Y es a ellos, a ti, a quienes quisiera darles estos "anticonsejos". Que no te suceda como a nosotros, que hemos llegado a mayores (mayores, no viejos) sin haber podido, en muchos casos, vivir nuestra juventud. Por eso, a veces, queremos ahora vivirla a destiempo. Porque nos salteamos mucho de lo lindo que nos ofrecía la vida. Por afanarnos demasiado.

        Que no te ocurra lo mismo. Date tiempo, no juegues carreras. Aprende a gozar del estudio, del trabajo. A vivir con gusto, con alegría, con amor. Sin prisas.

        Ese es el mejor consejo que puedo darte.

        Y aunque difícilmente me premien esta carta, igual he disfrutado mucho escribiéndola.

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